Premiar las notas de tus hijos es una práctica muy extendida: un regalo, una celebración, un «qué orgullosos estamos de ti». Lo hacemos con toda la buena intención del mundo. Pero la neurociencia lleva décadas estudiando qué aprenden los niños cuando asociamos su rendimiento académico a una recompensa externa. Y lo que aprenden no siempre es lo que queremos enseñar. En este artículo te contamos, caso a caso, qué pasa de verdad debajo de la superficie.
Por qué premiar las notas de tus hijos puede tener efectos negativos
La nota que ves en el boletín es solo la punta del iceberg. Debajo hay una historia: cómo se sintió tu hijo durante ese trimestre, qué decidió hacer cuando le costó algo, qué aprendió sobre sí mismo cuando se equivocó.
Te lo muestro con seis historias reales. Puede que reconozcas a tu hijo en alguna de ellas.
Sofía, 9 años: cuando premiar las notas se disfraza de orgullo
La historia
A Sofía nunca le dieron premios materiales por sus notas. Pero cada sobresaliente venía acompañado de «¡qué orgullosos estamos de ti!», celebraciones y llamadas a los abuelos. Lo que Sofía aprendió: notas más altas = más amor y más atención.
A los 15 llegaron los notables. Y con ellos, la ansiedad. Lloraba antes de los exámenes. Se bloqueaba. Y no, no tenía miedo a suspender. Tenía miedo a decepcionar.
Qué hay debajo
La conducta visible es el bloqueo ante los exámenes. Lo que hay debajo es esto: «Valgo lo que valen mis notas.» El problema no fue el orgullo de los padres. Fue que ella sintió que ese orgullo llegaba siempre después de un resultado, no independientemente de él.
Jorge, 11 años: el premio por las notas que destruyó la motivación
La historia
A Jorge le prometieron una consola si aprobaba todo. Lo estaba consiguiendo, pero en el último examen le pillaron copiando. No copió porque fuera un tramposo. Copió porque tenía clarísimo su objetivo: conseguir la Play. Premiar notas hijos con objetos materiales había desplazado el aprendizaje por completo. Aprender era secundario, lo verdaderamente importante para él era el premio.
Esto tiene nombre en psicología: motivación extrínseca. ¿El problema real? que cuando el premio desaparece, la motivación desaparece con él.
Qué hay debajo
Lo que aprendió Jorge: «Lo que importa es llegar, no cómo llegas. Y si ya no puedo conseguir la Play porque me pillaron… ¿para qué voy a seguir intentándolo?»
Isabel y Carmen, 14 años: el mismo examen, dos experiencias opuestas
La historia
A Isabel le costaba muchísimo física. Para conseguirlo dedicó todos sus esfuerzos: clases particulares, tardes enteras estudiando, practicaba los ejercicios una y otra vez. Consiguió sacar un 5,5 y lo sintió como una matrícula de honor. No necesitaba ningún premio externo porque el orgullo por haberlo logrado era inmenso.
Carmen, a su lado, lloraba sin consuelo. Había sacado un 8,75. Acostumbrada a sacar sobresalientes, y que la alabaran por ello constantemente, lo vivió como un fracaso. Dos niñas. El mismo sistema de evaluación. Dos experiencias completamente distintas.
¿Qué hay debajo?
La nota no mide el esfuerzo. Mide un resultado en un momento concreto. Cuando solo ponemos el foco en el número -y cuando premiar las notas se convierte en el objetivo de la familia- nos perdemos el camino recorrido. Las dos necesitaban escuchar lo mismo: que valen mucho más que una cifra. Que las calificaciones no las definen.
Alejandro, 12 años: estudiar para estar por encima de los demás
La historia
Alejandro siempre saca buenas notas y presume de ello constantemente. Cuando le dan una nota en clase, lo primero que hace es girarse y preguntar a sus compañeros: «¿Qué habéis sacado? ¡Yo un 10!» Sus amigos han empezado a alejarse de él porque están hartos de su actitud. Un día un compañero sacó la nota más alta de la clase y Alejandro lloró de rabia.
En una discusión llegó a decir: «¡Es que para mis padres las notas son lo más importante!»
Qué hay debajo
Lo que aprendió Alejandro: «Valgo más que tú si saco más que tú. Si alguien me supera, no valgo. No busco aprender. Busco ganar.» Nadie le enseñó eso explícitamente, pero lo aprendió gracias a la respuesta de los adultos que le rodeaban, donde le alababan, premiaban y ensalzaban, donde le comparaban para que se sintiera superior, mejor y siguiera obteniendo buenos resultados.
Rocío, 13 años: cuando premiar las notas genera ansiedad
La historia
Sus padres, sabiendo que puede rendir más, le prometen un iPhone si saca todo sobresalientes. Rocío estudia como nunca. Pero antes de cada examen siente un malestar extraño. Le falta el aire e incluso acaba en enfermería. Lo que tiene es ansiedad. Aunque se sabe la materia, el nudo en el estómago no le deja concentrarse.
¿Qué hay debajo?
En su cabeza, el examen se ha convertido en una amenaza: «Si fallo, lo pierdo todo.» Premiar las notas con objetos de alto valor no aumenta la motivación, aumenta el miedo al fracaso y se pierde por completo el interés por el aprendizaje.
Lucas, 15 años: cuando da igual lo que hagas porque nunca serás suficiente
La historia
Los padres de Lucas usaron un sistema de puntos: cada asignatura aprobada se canjea en tiempo de pantalla. Al principio funcionó. Luego se estancó. Entonces sus padres le decían que por qué no podía ser como su hermano, muy estudioso y con muy buenas notas. Le recriminaban que no es que no tuviera capacidad, sino que era un vago. Cuando le preguntaron por qué no estudiaba más, Lucas dijo:
«¿Para qué? Si total nunca voy a ser tan listo como mi hermano.»
¿Qué hay debajo?
El problema nunca fueron las notas. Era sentir que, hiciera lo que hiciera, nunca sería suficiente. El sistema de premiar las notas de nuestros hijos mediante puntos solo hizo más visible la comparación entre los hermanos. Lucas aprendió: «Da igual lo que haga. Así que casi mejor ni intentarlo.»

Motivación extrínseca vs. intrínseca: qué dice la neurociencia sobre premiar las notas
Esta es la distinción clave y conviene entenderla bien porque cambia todo lo que harás de ahora en adelante con respecto a premiar las notas de tus hijos.
La motivación extrínseca es estudiar para conseguir algo externo: un regalo, una alabanza, puntos, una pegatina, un iPhone, una consola, el orgullo de los padres. El problema es que cuando ese estímulo desaparece, el comportamiento desaparece con él.
La motivación intrínseca es estudiar porque quiero aprender, porque quiero saciar mi curiosidad, porque quizás quiero dedicarme a «x» profesión y para ello necesito sacar adelante hasta las asignaturas que menos me gustan. Porque tiene sentido para mí y para lo que quiero hacer en la vida.
Reflexionemos juntos: ¿para qué estudia un científico la cura del cáncer? ¿para ganar el Premio Nobel? ¿o para salvar vidas? El Premio Nobel es aleatorio y viene de fuera, pueden dártelo o no, independientemente de tu trayectoria brillante. La motivación intrínseca viene de dentro y, por ellos, es mucho más sostenible en el tiempo.
Investigaciones como las del neurocientífico Kou Murayama (Universidad de Columbia) concluyen que la actividad más sostenible a largo plazo es la que resulta satisfactoria sin depender de recompensas externas.
⚠️Sobre premiar el esfuerzo en lugar de la nota, cuidado con esto
Suena bien, pero hay algo que no vemos. Muchos padres que han dejado de premiar notas hijos por el resultado han pasado a premiar el esfuerzo, ¿es esto lo mejor?
Reflexionemos: ¿Quién decide si tu hijo se ha esforzado suficiente? Tú, su profesor… Hemos cambiado el criterio —de la nota al esfuerzo— pero no el mecanismo. Tu hijo sigue mirándote a ti para saber si lo que hizo vale, es decir, sigue dependiendo de la aprobación externa.
¿Y qué pasa cuando tú no estés? Si no aprende a reconocer su propio esfuerzo, a valorarse sin que nadie se lo confirme, le faltará seguridad. No queremos hijos que necesiten un premio para moverse. Queremos hijos que se muevan porque algo dentro de ellos les dice que vale la pena. Esto no quiere decir que no alentemos su esfuerzo o sus logros. Pero alentar no es lo mismo que alabar o premiar, como veremos en breve en este articulo.
Qué hacer si ya prometiste premiar las notas de tus hijos con un regalo
Si te comprometiste a hacerle un regalo, cumple tu palabra. La coherencia es importante también. Ahora bien, puedes aprovechar este momento para alentar y desarrollar motivación intrínseca con preguntas como estas:
• ¿Qué es lo que más te ha costado este curso?
• ¿Y lo que más te ha gustado?
• ¿Cuál fue el momento más difícil?
• ¿El mejor recuerdo del año?
Y si queréis celebrar el fin de curso, ¡adelante! Podéis salir, hacer un plan, disfrutarlo, pero nuestra recomendación es que sea sin condicionarlo a ningún resultado o comportamiento. No creemos que pasar tiempo de calidad en familia sea un premio, sino una necesidad no condicionada a sus acciones.
Cuál es la mejor alternativa a premiar las notas de tus hijos
La mejor alternativa a premiar notas hijos no es complicada. Es más sencilla —y más poderosa— de lo que parece: alienta, escucha, pregunta, interésate y muestra tu amor sin condiciones.
Cuando los hijos saben que el resultado académico no define cuánto los quieres, ni cuánto valen en esta familia, ocurren cosas maravillosas:
• Más seguridad y confianza en sí mismos, porque no dependen de un juicio externo para saber lo que valen.
• Mayor autoestima real, no dependiente de la aprobación de los demás
• Mejor relación entre hermanos: sin competir por quién saca mejores notas o hace mejor las cosas
• Menos miedo al error y, como consecuencia, más aprendizaje. Se atreven a intentar cosas nuevas y no evitarán actividades donde no brillen a la primera
• Mayor tolerancia a la frustración y capacidad de seguir adelante cuando algo no sale. Imagina lo valioso que será esto a lo largo de su vida
Y esto es muy importante: sus notas son suyas, no tuyas, no sirven para medir si eres buen padre o buena madre. Sirven para que ellos sepan si han alcanzado o no los objetivos académicos (aunque no nos encante el sistema tal cual está diseñado).
Preguntas frecuentes sobre premiar las notas de tus hijos
¿Es malo premiar a los hijos por sacar buenas notas?
Premiar las notas de nuestros hijos de forma puntual no es intrínsecamente malo. El problema aparece cuando el premio se convierte en el objetivo principal: el niño deja de estudiar por aprender y empieza a estudiar por conseguir la recompensa. Esto genera motivación extrínseca, que es mucho más frágil y desaparece cuando el estímulo desaparece.
¿Qué diferencia hay entre premiar el esfuerzo y premiar las notas?
Premiar las notas pone el foco en el resultado. Premiar el esfuerzo pone el foco en el proceso. Sin embargo, ambos mantienen el mismo mecanismo: el niño sigue necesitando la validación externa de un adulto para saber si lo que hizo vale. La alternativa más efectiva es enseñarle a reconocer su propio esfuerzo y a valorarse desde dentro.
¿Cómo puedo motivar a mi hijo a estudiar sin premiar las notas?
Conectando el aprendizaje con su curiosidad real. Haciendo preguntas sobre qué le interesa, qué le cuesta, qué descubrió. Celebrando el proceso, no solo el resultado. Y asegurándote de que en casa su valor como persona no depende de sus calificaciones. Con una autoestima alta podrá hacer frente hasta a lo que menos le gusta o interese.
¿Qué hago si ya prometí un premio por las notas?
Cumple la promesa: la coherencia es fundamental en la crianza. Pero aprovecha el momento para hablar sobre el proceso que ha vivido este curso, no solo sobre el número. Y a partir de ahí, empieza a desconectar el amor y el reconocimiento del resultado académico.
¿Premiar las notas puede generar ansiedad?
Sí. Cuando el premio es suficientemente valioso para el niño, el examen deja de ser una tarea y se convierte en un riesgo. El cerebro lo procesa como una amenaza, activando respuestas de estrés que pueden interferir con la concentración y el rendimiento. Esto explica por qué muchos niños que saben la materia se bloquean el día del examen.
Nuestras conclusiones no vienen solo de los libros y la neurociencia, sino de la experiencia real con nuestros propios hijos. Cuando llegan sus notas, saben que son suyas. No nuestras. No «nos sacan» buenas o malas notas. Sus calificaciones les sirven para saber si han superado o no los objetivos de cada curso. Lo que sí nos importa —lo único que nos importa de verdad— es cómo se sienten ellos durante todo el proceso y continuar sembrando un ambiente en el que desarrollen habilidades para su vida: empatía, responsabilidad, sentimiento de comunidad, bondad, etc.
¿Y tú? ¿Cómo lo gestionas en casa cuando llegan las notas? Nos encanta leer vuestras respuestas en los comentarios.
👉 ¿Quieres que te asesoremos con tu caso particular? Te ayudamos
Además puedes conocer nuestra comunidad de ✨Familias molonas✨








